Wadi Rum es el desierto donde el tiempo se detiene y el espacio se expande. Su escala es tan vasta y sus colores tan intensos que uno siente que ha abandonado el planeta Tierra para aterrizar en Marte. Las formaciones de arenisca esculpidas por el viento crean puentes naturales y cañones estrechos que han servido de refugio a los beduinos durante siglos. Dormir bajo un cielo estrellado sin contaminación lumínica es una de las experiencias más purificadoras que existen.
Este desierto no se visita, se habita. Ya sea recorriéndolo en un 4x4 o caminando por sus arenas rojizas al atardecer, Wadi Rum te obliga a enfrentarte al silencio. Es el complemento perfecto a la ciudad de Petra, ofreciendo una dosis de naturaleza salvaje que equilibra la carga histórica de Jordania. Un destino para quienes buscan el lujo del vacío y la belleza de lo esencial.
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