Taiwán es, para muchos, la gran desconocida de Asia. Mi respuesta es un rotundo sí: es uno de los destinos más recomendables para el explorador que busca equilibrio entre modernidad y tradición. Es un país con una seguridad impecable, donde la civilidad japonesa se mezcla con la vitalidad china. Su geografía es asombrosa: en pocas horas puedes pasar del bullicio tecnológico de Taipéi a los acantilados de mármol del Parque Nacional de Taroko, una de las maravillas naturales del continente.
Además, Taiwán es la capital gastronómica oculta de Asia. Sus mercados nocturnos son laboratorios de sabor donde la comida callejera alcanza niveles de sofisticación inauditos. Viajar a Taiwán es descubrir una democracia vibrante que ha sabido preservar sus raíces aborígenes y su herencia colonial, ofreciendo una experiencia de viaje auténtica y sin filtros, lejos del turismo de masas de sus vecinos.
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