Subir al Kilimanjaro no es una cuestión de fuerza, sino de preparación y equipo. El sistema de capas es vital: pasarás de la humedad de la selva al frío polar de la cumbre en pocos días. Es imprescindible invertir en botas de montaña de alta calidad (ya domadas), calcetines de lana merina para evitar ampollas y un saco de dormir técnico para temperaturas bajo cero.
Además del equipo físico, la preparación mental y la hidratación son fundamentales. Beber 4 o 5 litros de agua al día ayuda a combatir el mal de altura. Contar con un equipo de guías profesionales que monitoricen tus niveles de oxígeno y te marquen el ritmo adecuado es lo que garantiza el éxito de la cumbre. El Kilimanjaro premia al que respeta sus reglas y va bien equipado.
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